La pequeña oruga glotona

“El lunes atravesó masticando una manzana, pero aún tenía hambre”

En junio de 1969 veía la luz “The very hungry Caterpillar”, traducida al español “La pequeña oruga glotona”. En esa fecha se publicaba por primera vez. Hoy, este famoso cuento de Eric Carle está cerca de cumplir su 50 aniversario y el tiempo no parece haber pasado para este pequeño insecto.

El cuento versa la historia de una oruga que nace de un huevo y ¡tiene mucha, mucha hambre! El lunes come una manzana, el martes dos peras, el miércoles tres ciruelas… y el viernes se da un atracón. El sábado come sano y duerme. Como resultado, se convierte en una preciosa MARIPOSA. Además, la protagonista, la pequeña oruga, es simplemente eso, una oruga. Un cuento donde a su protagonista animal no se le otorgan características ni habilidades humanas. De hecho, no hace nada que no sea representativo de su especie.

Una vez más, el leitmotiv de Carle es la naturaleza. De una manera ingeniosa y brillante, los niños descubren uno de los cambios que se producen en ella casi de una manera mágica: el ciclo de la vida. Concretamente, el cuento acerca a los más pequeños a la metamorfosis de la oruga narrando de una manera muy creativa el proceso de crecimiento de la oruga desde que sale del huevo, se alimenta y crece hasta que se construye un capullo y se convierte en mariposa. Usar el cuento como actividad previa a la observación de la evolución de gusanos de seda sería una de las posibilidades didácticas que ofrece.

Pero las posibilidades de este cuento van mucho más allá. Se trabajan aspectos de lógica-matemática como los números del uno al cinco con sus cantidades correspondientes, los conceptos de tamaño delgado y gordo, así como pequeño y grande; los conceptos temporales del día y la noche y los días de la semana. Además, servirá como recurso para ampliar su vocabulario relacionado con el ámbito alimenticio, pues cada día de la semana come algo nuevo (incluso se puede nombre la alimentación saludable).

El cuento describe la rutina diaria de la oruga de una manera repetitiva que permite a los pequeños anticiparse a los hechos. Si combinamos esto con el hecho de que el cuento tiene pequeños agujeritos en cada alimento que la oruga engulle, resulta un libro en el que los niños son participantes de la historia mientras pasan el dedo por los agujeros, igual que haría el pequeño insecto. De esta manera, también estarán desarrollando la motricidad fina mientras disfrutan de la historia.

Son muchos los formatos que, desde que se publicó el cuento, se han ido poniendo a la venta. A mí, personalmente, la que más me gusta es la original: un cuento de pequeñas dimensiones en el que las hojas agujereadas centrales de cada día de la semana van creciendo a la vez que aumente la cantidad de comida. Lo bueno es que esta misma versión también está en formato gigante, perfecto para contar el cuento a toda una clase sin que pierdan detalle de las ilustraciones.

En esta ocasión no hablaré de las ilustraciones del cuento, pues ya se trató el tema en la entrada Eric Carle (pinchar aquí para saber más) en la categoría de “mis ilustradores favoritos”.

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